Hace más de una década el país vivía una situación de crisis generalizada; particularmente, el sector agropecuario estaba devastado por el desestimulo y la desesperanza, añorando los “buenos tiempos” vividos en el campo por nuestros padres y abuelos. El desplazamiento se hizo masivo para hombres y mujeres de todas las edades y niveles socioeconómicos. Desde la provincia hacia las ciudades llegamos millares de personas buscando alternativas de vida, perdiéndose en ese momento casi dos generaciones: la de los adultos, que de manera forzada perdimos la vinculación con el campo, y la de los jóvenes, cuyos padres hicimos lo posible para alejarlos de allí, tanto que logramos que no pensaran en él ni siquiera para ir de paseo. El sector bancario, que siempre gana, empezó a mirar la inversión rural como de “alto riesgo” y comenzó a cerrar sus puertas a sus clientes antiguamente apetecidos, los hombres del campo. El sector productor fue desplazado por el consumidor y empezamos a vivir por culpa ajena, los malos tiempos.
Hoy la situación es muy diferente; con un país en otra dinámica y un sector rural revitalizado, entusiasta, con hombres llenos de esperanza y dispuestos a los retos, con ganas de invertir, con ganas de trabajar, con una juventud que quiere retomar sus raíces, que siente en su cuerpo el hormigueo de los genes que los vincula al campo, vuelven los “buenos tiempos”, y el campo nuevamente es un atractivo para los inversionistas que ya revalúan la calificación de “alto riesgo”, empezándolo a considerar nuevamente como una posibilidad para las buenas inversiones.
Superada la “venezolano dependencia”, se abren más y mejores mercados para nuestros productos, situación que aumentará su dinámica en la medida en que entren en vigencia los numerosos Tratados de Libre Comercio (TLC) que se estén negociando. Preocupa saber que cuando nuestros vecinos necesiten de nuestros productos, no los podremos ayudar, pues estaremos atendiendo otros mercados.
Aumenta el entusiasmo al escuchar y leer las palabras del nuevo Ministro de Hacienda, Dr Juan Carlos Echeverry, quien plantea la posibilidad de que por fin se acepte y se actúe consecuentemente, que en el campo se tiene un motor poderoso, generador de progreso, al cual hay que atender, encender y poner a trabajar con la dinámica de una locomotora portentosa. Sin su jalonamiento no es posible el bienestar y la paz en las ciudades.
Los ganaderos estamos ante un reto y de nosotros dependerá que los buenos tiempos lleguen también a nuestro sector. La modernización del campo dependerá en gran manera de nuestra actitud, pues se debe partir desde los patrones culturales arraigados y no siempre funcionales, lo que solo será posible si nos modernizamos mentalmente y actuamos consecuentemente e invertimos nuestros recursos utilizando la tecnología vigente. El sector lechero, especialmente el del trópico bajo, deberá realizar un esfuerzo real y dinámico para estar a tono con las exigencias presentes y futuras del mercado. Será posible si pensamos, actuamos y trabajamos desde la locomotora modernizada, con la mente ágil, rápida y abierta, aprovechando las tecnologías nuevas y cumpliendo las exigencias del mercado sobre las propias. De no ser así, volverán los malos tiempos y esta vez ya será por culpa nuestra.
Luis Guillermo Fuentes González D.M.V. UN
Director Revista Notas Ganaderas